La enfermedad, un negocio para la industria farmacéutica

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La enfermedad, un negocio para la industria farmacéutica

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Un sector de enormes ganancias económicas

El mercado farmacéutico supera las ganancias por ventas de armas o las telecomunicaciones

@FADSPU | La mayor parte de las empresas farmacéuticas tienen carácter internacional y están presentes en muchos países a través de sus filiales. El sector es tecnológicamente muy adelantado y abarca la biología,  bioquímica, ingeniería, microbiología,  farmacia y farmacología,  medicina, enfermería, física, etc.  Esta industria desarrolla actividades de investigación y desarrollo (I+D), producción, control de calidad, marketing, representación médica, relaciones públicas o administración.

La globalización le ha permitido maximizar sus beneficios ya que compran las materias primas en los países donde son más baratas (países en vías de desarrollo), instalan sus fábricas en donde las condiciones laborales son más ventajosas y venden sus productos fundamentalmente en los países donde la población tiene mayor poder adquisitivo y los servicios de salud están más desarrollados.

La industria farmacéutica, encargada de la producción y comercialización de medicamentos, es uno de los sectores económicos más importantes del mundo. La Lista Fortune (500 mayores empresas del mundo) mostraba en 2002 que el volumen de beneficios de las 10 mayores farmacéuticas superaba los beneficios acumulados por las otras 490 empresas. El mercado farmacéutico supera las ganancias por ventas de armas o las telecomunicaciones. Por cada dólar invertido en fabricar un medicamento se obtienen mil de ganancias, gracias a que si alguien necesita una medicina y dispone de recursos la compra.

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Retirada de clozapina, ¡cuidado! ; por Loreto Blasco García

Fuente: Tecnoremedio

Paciente tratado crónicamente con clozapina 300mg/día. Se suprime el tratamiento con clozapina por quejas del paciente de que se le extraían demasiadas muestras de sangre. Tras este hecho, el paciente se encuentra nervioso con sudoración profusa y bloqueo, y presenta ideas obsesivas con el cambio de tratamiento antipsicótico (retirada de clozapina), que quiere volver a tomar.
Con la retirada de clozapina pueden observarse efectos de rebote colinérgicos, trastornos de movimientos severos y descompensación psicótica en caso de retirada brusca. Por lo tanto, se recomienda una reducción gradual de la dosis para reducir la intensidad de estos efectos al suspender la clozapina (1).

La recaída después de la interrupción de la clozapina parece ser de mayor incidencia, puede ser más rápida y los síntomas de abstinencia pueden ser más graves que con otros fármacos. Para la discontinuación gradual de la clozapina, lo mejor es introducir y escalar las dosis de otro antipsicótico simultáneamente.

En un estudio realizado por Littrell KH y cols, se recomienda la disminución de clozapina con el aumento gradual del nuevo antipsicótico. Los pacientes permanecieron en su dosis actual de clozapina y se añadieron 5 mg de olanzapina. Después de 7 días de tratamiento con olanzapina, la reducción de la clozapina se inició a una dosis de 25 mg cada dos días. Después de otros 7 días, la olanzapina se aumentó a 10 mg al día. El protocolo permitió que la olanzapina se incrementara hasta un máximo de 20 mg diarios o disminuyera a un mínimo de 5 mg día en cualquier momento basado en el nivel de psicopatología y efectos secundarios.

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”Los espacios de de solidaridad fallan por la falta de empatia radical” de Homera Rosetti.

Por Homera Rosetti, La Directa, 30/11/2015

Entrevistamos a Clara Valverde, afectada por una enfermedad crónica, escritora y ciberactivista, que acaba de publicar un libro en el que denuncia cómo las políticas neoliberales buscan el exterminio de las persones excluidas y hace una llamada a la autoorganización del sufrimiento.

El último libro de Clara Valverde, De la necropolítica neoliberal a la empatía radical: Violencia discreta, cuerpos excluidos y repolitización (Icaria Editorial, 2015) ya está en librerías.

El neoliberalismo no necesita armas para matar. Las paradas, las precarias, las enfermas, las emigrantes, las sin techo, las no rentables, todas ellas están sufriendo en su propio cuerpo una forma de política orientada a su exterminio.

En su último libro, Clara Valverde se refiere a esta guerra que genera exclusión con el nombre de “necropolítica” (del griego necro, “muerte”). Y para hacer frente a esta situación, apuesta por la autoorganización del sufrimiento social. ¿Cómo hacerlo? Los espacios de coordinación de luchas y de apoyo mutuo a menudo hacen aguas al trabajar en los márgenes del sistema. “Fallan”, según la autora, “porque la gente no piensa que el sufrimiento que viven otros, esa situación difícil, les pasará a ellos”. “Les falta empatía radical”, afirma.

El último libro de Clara Valverde, De la necropolítica neoliberal a la empatía radical: Violencia discreta, cuerpos excluidos y repolitización (Icaria Editorial, 2015) se acaba de presentar. En sus páginas se explica que la línea divisoria entre las personas “incluidas” y las “excluidas” es cada vez más fina. La autora lo sabe muy bien. Fue profesora de enfermería durante décadas y activista desde muy joven. Ahora está demasiado enferma para continuar dando clases. Desde su cama, en los pequeños ratos en el que el cuerpo se lo permite, escribe y es ciberactivista. Es la presidenta de la Liga SFC/SSC (Síndrome de Fatiga Crónica/Síndromes de Sensibilización Central). “Somos radicales porque vivimos una realidad radical”, dice. Por eso apuesta por la radicalización de la empatía como forma de supervivencia y de lucha.         

“Estamos en guerra: los que tienen en poder neoliberal nos han declarado la guerra. Y la gente hace como si nada. Estamos en una situación de injusticia extrema. No es el momento de estar tranquilos”.

HR: Desde la exclusión, ¿se ve el mundo más claro? Explícanos alguna cosa que solo se ve desde aquí.

CV: Se ve la gran negación en la que vive la mayoría de la gente. Es impresionante. Estamos en guerra: los que tienen el poder neoliberal nos han declarado la guerra. Y la gente hace como si nada. Hay gente que no tienen techo, comida, ayuda. Aquí mismo, delante nuestro. Pero casi nadie lo ve. Casi nadie se inquieta. Veo que la gente está demasiado tranquila. No son tiempos para la tranquilidad. Estamos en una situación de injusticia extrema. No es el momento de estar tranquilos.

HR: En el libro hablas de formas de violencia discreta. ¿Nos das algunos ejemplos?

CV: El paternalismo, el pensamiento “positivo”, la manipulación y perversión de la participación ciudadana son algunos ejemplos. La tolerancia es otro tipo de violencia discreta. Si yo “tolero” a alguien, es que tengo poder sobre esa persona. La aguanto. La desprecio. Se dice que hay que tolerar las diferencias. No, lo que hay que hacer es analizarlas, hablarlas, ver a quién sirven, mirar bien a qué se deben.

“Las 250.000 personas que viven con los Síndromes de Sensibilización Central en Catalunya están dando un aviso al resto de la sociedad sobre el nivel de crueldad que puede al que puede llegar el neoliberalismo”.

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[Relato] Noche negra en el manicomio

(Relato de ciencia ficción, los nombres tampoco son reales)

A las siete y media de la tarde a cenar, impuntualidades como todos los días. La voz de la enfermera confirma por el altavoz la llamada, todo el mundo deja lo que está haciendo y se dispone a ir al comedor donde está la cena servida.

Hoy hay buena cena para lo que nos tienen acostumbradxs, un plato de puré de primer plato y croquetas con unas lonchas de embutidos de segundo, finalizando con una pieza de fruta al azar.

Todxs nos sentamos a cenar, pero enseguida Joaquín se levanta y empieza a buscar por todos los sitios su cartera, ya que cree que está en un restaurante y piensa que tiene que pagar su plato. Las enfermeras intentan disuadirle pero no lo consiguen y Joaquín sale del comedor y enfila el pasillo hacia delante perseguido por una enfermera que enseguida llama a lxs celadorxs acabando este, atado a una silla sin poder moverse.

Terminamos de cenar y a lxs fumadorxs nos espera nuestro prometido cigarrillo. Allí Antonio expresa sus quejas por los malos tratos que le porfieren algunas enfermeras y expresa su tristeza por la limitación que le han impuesto en el número de cigarros que puede fumar al día.

Terminado el cigarrillo de rigor, me dirijo a la habitación compartida pasando por la sala del televisor, donde el resto de gente está sentada viendo noticias que solo hablan de terrorismo y elecciones. Yo lo único que puedo pensar, es que lxs terroristas son lxs mismos de siempre y que en la “caja tonta” solo nos venden el mismo cuento una y otra vez.

Al llegar a la habitación, encuentro que mi compañero Enrique está tumbado a oscuras en la cama; al llegar a la mía, enciendo la lamparilla y le pregunto que qué tal está, hablamos durante un buen rato y me cuenta que le quieren mandar a otro centro donde dice, que va a estar más activo física y psicológicamente, pero que el no quiere ir, que prefiere estar en casa con sus padres. Después de intentar buscar otras soluciones y de consolarnos mutuamente, nos damos cuenta de que ha pasado una hora y que nos toca cigarro.

En la sala de fumadores volvemos a escuchar las quejas de Antonio que esta vez jura en voz alta y arremete contra el mobiliario, pero rápidamente recuerda lo sucedido a otro compañero que al protestar por no darnos el cigarrillo correspondiente, rompió un cristal y fue encerrado y atado a una cama durante dos noches y un día. Yo que estoy a su lado le paso la mitad de mi cigarrillo y se tranquiliza.

Ahora solo toca esperar la hora de la medicación, e irnos a dormir esperando que esta noche no le de a nadie, por pegar alaridos de auxilio o de cualquier otro tipo… Espero que la noche sea tranquila, a mí ya me queda poco aquí.

(Decir que mantengo lo dicho en el texto anterior (el poema) y agregar que yo vi injusticias allí.).

Richie punk

Texto originalmente publicado en Portaloaca.

 

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Más pruebas de los efectos adversos de los antidepresivos y las razones por las que se ha tardado tanto en ser confirmados // Joanna Moncrieff

exto originariamente publicado en Mad In America (1 de febrero de 2016)

Cuando la idea de que los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (antidepresivos ISRS) podían provocar en la gente ideas suicidas comenzó a ser debatida por personas como David Healy, tengo que reconocer que yo era escéptica. No pensaba que estos fármacos tuvieran algún efecto en absoluto y era incapaz de entender cómo una sustancia química podía producir un pensamiento concreto. Sin embargo, desde entonces las pruebas se han ido acumulando y además resulta claro que los pensamientos y comportamientos suicidas habitualmente se dan en el contexto de un estado de intensa tensión y agitación que los fármacos parecen inducir en algunas personas, especialmente en las más jóvenes. Parece que este estado puede resultar tan perturbador como para hacer que las personas de forma impulsiva se puedan dañar a sí mismas y hay algunas pruebas que sugieren que pueden inducir también conductas agresivas.

Como consecuencia de que estos efectos no aparecieran en los ensayos controlados y aleatorizados (ECA) fueron descartados y se hicieron pocos esfuerzos para estudiarlos de forma adecuada. Posteriormente algunos meta-análisis extensos que combinan resultados de distintos ensayos comenzaron a encontrar una asociación entre el uso de los antidepresivos modernos y los pensamientos y actos suicidas, especialmente en niños.

El último gran meta-análisis realizado por un grupo de investigadores del Centro Nórdico Cochrane de Dinamarca confirma la asociación entre las tendencias suicidas y el uso de ISRS en niños y también encuentra pruebas de una asociación con la agresividad en este grupo de edad. Este es el primer meta-análisis que informa de una asociación entre el uso de ISRS y agresividad, confirmando la otra prueba reseñada por David Healy y sus colegas en 2006.

En mi comentario sobre el estudio destaco que el análisis también señala la razón de que estos hallazgos hayan tardado tanto tiempo en confirmarse. Los análisis usaron los datos recogidos por informes de los estudios clínicos (Clinical Study Reports) redactados por compañías farmacéuticas que tenían como objetivo la aprobación reguladora. Al observar los apéndices de estos informes se desvelan muchas incidencias de conductas suicidas que no fueron registrados como sucesos adversos en el apartado de resultados en los informes, y de los que posiblemente no se informó en los artículos publicados.

Me han preguntado si creo que esto prueba una conspiración de las compañías farmacéuticas para ocultar pruebas sobre los peligros de sus productos. Podría ser, pero también es la evidencia de un fallo más estructural. La recomendación de psiquiatras destacados para seguir prescribiendo y no prestar mucha atención a la información. Con escasas excepciones los investigadores en psicofarmacología no han mostrado interés en estudiar la forma en que estos fármacos alteran las funciones mentales y las emociones normales. Por lo tanto, sabemos muy poco sobre el estado de agitación que los ISRS pueden inducir, con qué frecuencia ocurren, en qué circunstancias y qué clase de pensamientos y conductas pueden inducir.

¿A qué se debe la resistencia a investigar este asunto correctamente? Por supuesto, los conflictos de interés financieros son una respuesta. Otros factores pueden incluir la inseguridad profesional de los psiquiatras y la necesidad percibida de los médicos de tener algo que ofrecer a las personas que hacen cola cada día con la esperanza de un remedio para su sufrimiento. Espero que la publicidad que ha recibido este último estudio estimulará a la comunidad de investigadores a actuar y hará que los médicos piensen de forma más cuidadosa sobre cómo usar el talonario de recetas.

Fuente: http://madinamerica-hispanohablante.org/mas-pruebas-de-los-efectos-adversos-de-los-antidepresivos-y-las-razones-por-las-que-se-ha-tardado-tanto-en-ser-confirmados-joanna-moncrieff/

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Mapeo y evaluación de las unidades de ingreso psiquiátrico en España

Hacemos eco de  la iniciativa que podéis leer a continuación y os animamos a difundirla de la manera mas amplia posible.

Este cuestionario está dirigido a personas que están o han estado en situación de utilizar los servicios de atención a la salud mental en España. Su objetivo es registrar prácticas sanitarias, calidad del trato y grado de cumplimiento de derechos con las personas con trastornos mentales o diagnóstico psiquiátrico que se ven obligadas a recurrir a estos recursos sanitarios.

Acceso al mapeo

Texto introductorio

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Desterrar violencias del sistema de atención a la salud mental

Hacemos eco de éste comunicado de nuestrxs compas de Flipas Gam, una red de grupos de apoyo mutuo de Madrid.
Uno de los últimos consensos de FLIPAS GAM, el colectivo madrileño de Apoyo Mutuo y activismo en salud mental, ha sido el de, de cara a conseguir que en los servicios de atención a la salud mental se nos trate de forma más humana y se reduzcan violencias hoy cotidianas, trabajar en visibilizar el tema de las presiones que sufren profesionales críticos en sus centros de trabajo, intentando recoger testimonios (pueden muy bien ser anónimos) para posibles artículos al respecto, tanto en nuestro blog, sitios afines tipo Mad in América Hispanohablante, como también en medios generalistas de mayor alcance.

A este respecto, hemos compartido este texto y este cartel en Facebook, por si os apetece leerlo o/y contribuir a moverlo:
Los servicios de atención a la salud mental tienen muchas cosas en las que habría que darles la vuelta como a un calcetín. Una de ellas es sus múltiples violencias. Prácticas coercitivas (que sí, son violencias en mayor o menor grado, así las percibimos y así las sentimos y nos afectan y dificultan nuestro proceso de recuperación) que se dan a diario en multitud de servicios por los que precisamente pasamos cuando más vulnerables estamos.

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