Voizes, un archivo de entrevistas a exreclusos

En la cárcel, en un centro psiquiátrico o en un Centro de Internamiento de Extranjeros. El archivo Voizes recopila y publica entrevistas a personas que han pasado por el trago amargo de una reclusión forzosa.

Escucha. Esa persona cuya cara no ves te está hablando. Y es duro lo que cuenta. Dice que el tiempo que pasó en prisión fue lo peor que le ha ocurrido en la vida. Que nunca se había sentido tan sola ni había pasado tanto miedo como allí dentro. Que cuando salió tardó mucho tiempo en poder dormir por la noche. Y ahora piensa en cuántas veces has oído a alguien que ha estado en la cárcel contar algo sobre esa experiencia. Desde la primera persona y ante una cámara. No habrán sido muchas, seguramente.

voizes

Voizes es un proyecto que trata de vencer ese silencio y ampliar el campo de lo que escuchamos, presentando entrevistas a personas que han sufrido privación de libertad en algún momento de su vida.

De momento han publicado online doce de las 30 que han grabado, la mayoría de ellas a personas que estuvieron recluidas en prisiones catalanas. Entre las 18 inéditas hay, además, dos relatos de las experiencias sufridas en un Centro de Inter­namiento de Extran­jeros (CIE) y otros dos testimonios que hablan de estancias en centros psiquiátricos. También disponen de varias conversaciones con antiguos reclusos en prisiones de Baltimore (Estados Unidos), que son las últimas publicadas.

“La cárcel es esa némesis que todas tenemos pero de la que no se habla y, cuando se habla, la voz que escuchamos es la de las instituciones, las autoridades policiales y contadas personas que hayan sido encarceladas. Generalmente cuando escuchamos la voz de quien ha sido encarcelada es o bien en actos de contrición diciendo ‘lo siento mucho, fue un error, no volverá a pasar’, dejando siempre la experiencia del encierro a un lado, o bien con una aproximación a esa experiencia desde un punto de vista sensacionalista. Básicamente de esa ausencia de testimonios en la red podemos decir que parte la idea de construir un archivo”, explican a Diagonal desde el grupo promotor de la iniciativa.

“Nos interesa aportar al imaginario colectivo la experiencia de estas personas sobre algo muy concreto: cómo han vivido ellas el encierro, cómo son las dinámicas internas de un espacio de encierro forzado y cuál es su opinión al respecto. No importa qué ha llevado a esa persona a estar encerrada, sino cómo vivió esa experiencia”, añaden.

Su intención es construir un catálogo de documentos de carácter internacional que centralice la recogida y publicación de estas entrevistas, que no entienden tanto como ejercicios terapéuticos sino como intentos de equilibrar el relato sobre la realidad de las prisiones: “Es un objetivo sin fin, pues el archivo apunta a la acumulación de testimonios, cuantos más mejor, para que a través de la comparación se pueda llegar a tener un debate serio sobre el complejo industrial de prisiones. Tal debate no tendrá lugar seriamente sin la voz de quien ha sido encarcelada, como un debate sobre el aborto necesariamente debe incluir la voz principal de las mujeres o uno sobre migración la voz principal de las migrantes”, argumentan.

Un relato del trauma

Voizes surge del colectivo Biblio­teca de la Evasión, que desde hace unos seis años se acerca cada quince días a la prisión catalana de Quatre Camins para ofrecer de manera gratuita libros a quienes van a visitar a familiares y amistades que cumplen condena allí.

De esa semilla creció una iniciativa que ofrece el punto de vista, tan desconocido como silenciado habitualmente, de quien ha vivido una reclusión forzada y quiere mostrarlo. “Las personas que han pasado por la experiencia del encierro agradecen el mero hecho de poder contar su experiencia con tranquilidad y pudiendo alargarse cuanto quieran. Por lo general no tienen la oportunidad de explicarse pausadamente”.

Todas las entrevistas publicadas por Voizes comparten unos rasgos identificativos. Son en blanco y negro, la persona mantiene el anonimato y las preguntas son siempre las mismas. Pueden estar grabadas con cualquier dispositivo, desde un teléfono móvil hasta una cámara de alta definición y micros de corbata.

Estas normas obedecen a otra idea que sostiene al proyecto, que es la de proponer una colaboración amplia para que cualquiera pueda aportar. De hecho, ya han recibido cuatro entrevistas realizadas desde fuera de Voizes, cuyo núcleo central son cinco personas.

Otra de las características comunes en todos los testimonios es que quienes hablan han pasado al menos un mes de encierro y ya se encuentran en libertad o han recibido el alta médica. Es decir, son experiencias superadas. Esta decisión se debe a dos motivos, explican desde Voizes.

El primero es que “hay una enorme diferencia entre relatar un trauma cuando se ha tenido el tiempo y el espacio para procesar la experiencia y hacer cicatrizar, en la medida de lo posible, las heridas recibidas o hacerlo cuando se está sufriendo y se está sangrando por esas heridas”.

“Muchas de las entrevistadas utilizan la palabra ‘tortura’ y narran abusos de todo calibre recibidos por parte de carceleros”

La segunda razón por la que las entrevistas se conjugan en pretérito remite a circunstancias escalofriantes: “A pesar de que el archivo se plantea como algo relativamente aséptico, los relatos son crudos y no hablan precisamente bondades del trato recibido. Muchas de las entrevistadas utilizan la palabra ‘tortura’ y narran abusos de todo calibre recibidos por parte de carceleros, así que consideramos que entrevistar a alguien dentro de la prisión, sobre el trato que recibe, sin duda le pone en riesgo. De hecho, hemos acordado con familiares de personas presas que se ofrecieron a realizar entrevistas durante sus visitas esperar hasta la puesta en libertad para evitar cualquier tipo de represalia. Las entrevistas son anónimas, pero los oídos de algunas instituciones son muy potentes, ya nos entendemos”.

¿Y qué cuentan de la cárcel?

La mayoría de las personas entrevistadas hasta el momento no valora positivamente su paso por la prisión, aunque desde Voizes reconocen que en esto influyen las diversas condiciones de vida previas al ingreso y también las del propio encarcelamiento: “Hay una notable diferencia entre ser una mujer negra en una cárcel catalana o ser un hombre blanco. Es muy diferente la valoración de una persona que no ha podido estudiar antes de entrar en prisión que la de un empresario que entra en prisión por abandono de familia. Hemos hablado con personas que han obtenido el graduado escolar y que afirman que de otro modo no lo habrían conseguido. La valoración en este sentido es positiva en algunos casos; sin embargo, hemos de reconocer que por ahora son la menor parte y algo casi anecdótico, tanto por la cantidad como por la valoración que de tal hecho hacen ellas mismas, algo así como ‘me saqué el graduado, ojalá hubiera podido sacarlo antes, pero no tenía los recursos'”.

Los comentarios que se escuchan no dejan en buen lugar al sistema penitenciario español. Desde el colectivo aseguran que estas personas “salieron de la cárcel con una idea clara: ‘Bajo ningún concepto a mí me vuelven a encerrar ahí dentro’. La cárcel es percibida como un espacio netamente de castigo en el que el discurso rehabilitatorio es meramente eso, un discurso que no se corresponde a la realidad de los programas de rehabilitación. Todas las personas que han reconocido algún tipo de desarrollo personal o mejora coinciden en que no ha sido fruto del trabajo de la institución, sino un trabajo puramente personal: ‘En la cárcel te rehabilitas tú, no te rehabilita la cárcel'”.

También destacan como denominador común en todos los testimonios “el convencimiento general de que la cárcel es para pobres. Todas las entrevistadas coinciden en esto: la cárcel está llena de pobres e inmigrantes”.

La relación entre la prisión y el concepto de justicia también está muy presente en las palabras de quienes hablan. “Un tercer elemento común a todos los testimonios es el de reconocer la cárcel como algo que nada tiene que ver con el concepto de justicia. Éste es sin duda el elemento que unifica definitivamente todos los testimonios: cárcel y justicia no pertenecen al mismo plano y, aunque puede parecer una obviedad, no lo es tanto”.

Un negocio redondo

La población reclusa en España sumaba 65.472 personas a finales de junio de este año, según datos del Ministerio de Interior que no incluyen las prisiones catalanas. Desde su experiencia, Voizes considera que “el sistema penitenciario español no tiene deficiencias, cumple su función a la perfección. Al igual que el resto de sistemas penitenciarios modernos, sirve exclusivamente para mantener el control social de las clases pobres y utiliza la cárcel para generar unas categorías de ‘delincuentes’, que lo son además no por cometer un delito, sino por sus características sociales y biográficas. La cárcel como tal crea al delincuente como categoría social y esta categoría es importante para mantener el statu quo capitalista”.

“El sistema penitenciario sirve exclusivamente para mantener el control social sobre las clases pobres”Este colectivo sitúa como el problema concreto y actual del sistema penitenciario español la evolución hacia el modelo estadounidense de privatización de todo el complejo, desde la construcción de las cárceles hasta la dotación de guardias y sistemas de vigilancia o manejo de datos.

También apuntan a la introducción de mano de obra encarcelada en fábricas y cadenas de montaje. “El Centre d’Iniciatives per a la Reinser­ció es el órgano encargado en Cata­lu­ña de la contratación de personas presas para trabajar en empresas por salarios muy inferiores al salario mínimo interprofesional. La cosa por lo tanto seguirá en la misma línea, dado que genera grandes beneficios económicos a todos los niveles. En­car­celar personas es un negocio”.

En su opinión, la cárcel como institución sólo podría mejorar en el contexto de una profunda transformación social que pasaría por cerrar en torno al 90% de las prisiones. “Si tenemos en cuenta que ése es más o menos el porcentaje de personas encarceladas por delitos de pobres –menudeo de drogas, pequeños robos…–, realizando una distribución real de la riqueza hacia esos sectores se reducirá sin duda el número de personas encarceladas. Una mejora, por lo tanto, comenzaría por una reducción del sistema de prisiones a su mínima expresión”.

Fuente: diagonal

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