“En España se financian 10.000 fármacos, pero solo se necesitan 400” – entrevista a Joan-Ramón Laporte, director del Institut Català de Farmacologia

Desde la xarxa os invitamos a leer esta interesante entrevista a Joan-Ramon Laporte, director del Institut Català de Farmacologia y experto en farmacovigilancia, publicada  en El Periódico el 3 de enero de 2012.

Se trata de una persona muy comprometida en la lucha contra los excesos y abusos de la medicina actual (por supuesto, incluyendo a la psiquiatría) desde el máximo rigor, y es el prologuista del conocido e imprescindible libro “Medicamentos que matan y crimen Organizado” de Peter Gotzsche.


Àngels Gallardo

Notas sobre el entrevistado: 

Investiga los medicamentos comercializados una vez son consumidos por miles de personas durante meses o años, mucho más tiempo del que se invierte en los estudios con que el laboratorio logra la autorización del producto. Joan Ramon Laporte (Barcelona, 1948) estableció en Catalunya principios de los 80 el sistema de farmacovigilancia que más tarde promovió el Ninisterio de Sanidad en el resto de las autonomías. Su equipo, que ejerce en el Hospital Vall d’Hebron, atiende cientos de consultas de médicos que dudan sobre si la coincidencia de algunos fármacos o determinadas dosis convienen al paciente. Sus investigaciones pueden motivar que se retire un Farmaco del mercado.

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-¿Quieren ser una voz imparcial frente al laboratorio que comercializa un medicamento que previamente ha investigado?

-No. Eso es secundario. Nuestro objetivo es tener la máxima información posible sobre el efecto de los medicamentos, ya que cuando llegan al mercado han sido investigados con decenas o centenares de seres humanos muy seleccionados, casi extraterrestres, que proporcionan una información muy parcial, aunque suficiente para ser autorizados y comercializados.

-¿Casi extraterrestres?

-Casi. Buscan personas que solo sufran la enfermedad que interesa estudiar, cuando la mayoría de la gente tiene más de una y toma varios fármacos,  y escogen a individuos más jóvenes que los que se tratarán con ese producto. Es decir, investigan un medicamento en una población y después se aplica en otra.

En Catalunya hay 100.000 personas que toman a diario entre 10 y 12 fármacos.

-¿Por qué lo hacen asi?

-Porque no es fácil, ni cómodo, ni gusta, ni da buenas noticias hacer ensayos clínicos con personas mayores. En consecuencia, alteran la realidad. Por ejemplo, el 70% de los ensayos clínicos sobre el tratamiento del infarto de miocardio agudo excluyen, por protocolo, a los mayores de 70 años, pero resulta que el 70% de las muertes por infarto de miocardio suceden en mayores de  70 años. Y lo mismo ocurre con antiinflamatorios, antihipertensivos…

-¿Cómo investigan ustedes?

-A partir de lo que les sucede a los consumidores de los fármacos. Disponemos de la tarjeta amarilla, una cartuliga de identificación que la Generalitat distribuye trimestralmente a todos los médicos de Catalunya. Los médicos nos explican ahí si les ha pasado algo anormal o inesperado a sus enfermos al tomar determinados medicamentos.

– ¿Qué hacen con esos datos?

-Los analizamos y vemos si en un mismo territorio se acumulan notificaciones que relacionan la misma enfermedad con un mismo medicamento. Eso nos permite sospechar si hay un fármaco concreto que está causando una enfermedad. Cuando tenemos una sospecha, iniciamos estudios específicos hasta establecer si es así, a qué proporción de pacientes afecta y con qué gravedad.

– ¿Hay controversia entre lo que dice el prospecto y lo que comprueban?

-A veces, si. Antes de entrar en la Unión Europea (UE), en España los medicamentos se autorizaban con una legislación muy laxa. Ocho de los 10 productos más consumidos no salían en los libros de farmacología internacional. No servían para nada. El medicamento más consumido con cargo a la Seguridad Social en los años 80 era el Frenadol, que muy pronto dejó de ser financiado.

– Y una vez en la UE?

-Todo pasó a ser mucho más estricto, y el precio de los medicamentos aumentó. El precio de un fármaco no equivale a su coste, y el margen de beneficio de los laboratorios empezó a crecer. La industria apretó mucho con la promoción de lo nuevo y el mercado farmacéutico español cambió de forma radical.

– ¿Los más vendidos ahora aparecen en los libros de farmacología?

-Sí, ahora sí. Ahora, el primero en unidades vendidas es el omeprazol, que se receta como protector gástrico; después está el grupo de los antidepresivos, la aspirina para problemas cardiovasculares y un broncodilatador.

Los médicos ahora recetan de forma más adecuada.

– En calidad y en cantidad?

-En cantidad, no. España es el segundo país más consumidor de medicamentos del mundo, después de EEUU. Es el país que más gasta en medicamentos de la UE.

– ¿Eso es coherente?

-Es una barbaridad. Las principales víctimas son las personas mayores.

– Porqué se ha llegado a este nivel?

-Es un tema de políticas farmacéuticas. Los laboratorios publican evidencias sobre sus productos y los médicos las aplican a cada prueba diagnóstica de sus enfermos. Se produce una acumulación.

– ¿Un ejemplo?

-Una persona tiene hipertensión arterial y sufre un infarto de miocardio. Al recibir el alta de es e infarto, le recetan un antiipertensivo diurético y otro de refuerzo; ácido acetilsalicílico como preventivo cardiovascular; una estatina para el colesterol y un betabloqueante en prevención de un segundo infarto. Si por el infarto le ha quedado insuficiencia cardiaca, le recetarán un par de cosas más. Si además sufre fibrilación auricular, que es secuela de las cardiopatías, le darán el famoso Sintrón.

– Ya va por ocho o nueve.

-Espere, que no he acabado. El médico de ese enfermo pensará que con toda esa medicación el paciente necesitará un protector gástrico, y le enchufará también el omeprazol. Como al tomar tantas cosas y haber sufrido un infarto estará triste, le recetará además un antidepresivo. Ya lo tienes con 10 o 12 medicamentos diarios. Cuando, encima, es diabético, no te digo nada: hay que añadir un par de antidiabéticos orales.

– ¿Esto es habitual?

-Yo lo vi con mi padre, lo vi con mi madre y con los padres de mis amigos. Es una escalada. Se ha calculado que en Catalunya, ahora, hay como mínimo 100.000 personas que toman entre 10 y 12 fármacos diarios. El mundo se ha dividido en dos: ricos y pobres. Para la industria, aunque

en el planeta hay 7.000 millones de habitantes, el mercado se compone de los 1.400.000 que pueden pagar, directamente o a través de sus sistemas de salud. Los pobres no tienen medicamentos porque no pueden pagarlos, ya los ricos se les atiborra con ellos. Reglas del mercado.

– ¿Qué efecto tiene esa excesiva medicación en la salud del ciudadano?

-Los medicamentos pueden causar cualquier tipo de enfermedad: arritmias, infarto, hipertensión, cáncer y cualquier alteración neurológica. Vivimos una auténtica epidemia de efectos indeseados causados por los medicamentos. Estudios de EEUU, Francia, Alemania y España han constatado que los medicamentos son la cuarta causa de muerte en Occidente, después del infarto, el ictus cerebral y todos los cánceres.

– ¿Y todo eso es consecuencia de la política farmacéutica española?

-La industria farmacéutica tiene mucho poder en nuestro sistema de salud. Los mercaderes entraron en el templo, por emplear lenguaje bíblico, y Jesús los expulsó, aunque tal vez hubiera tenido que expulsar a los sumos sacerdotes que habían permitido que entraran. Aquí pasa un poco lo mismo. La industria quiere vender y alguien se lo permite.

– La industria tiene incidencia en el Ministerio de Sanidad?

-Tiene incidencia e influencia. Dos semanas antes de que se celebraran las elecciones generales, se aprobaron en España seis nuevos medicamentos de alto coste, que pasaron a tener financiación pública. Uno de ellos ha sido rechazado por el sistema británico de salud, porque su beneficio no compensa su precio. ¿Somos más ricos que los británicos?

– ¿Temían que el nuevo Ministerio de Sanidad no los aprobara?

-No, no. Pero, alguien quería ser él quien hacía el favor a la industria.

– ¿Un tratamiento innecesario puede enmascarar una enfermedad?

-Claramente. Una persona que tome antiácidos contra una dispepsia intestinal cansada por un cáncer gástrico tardará más en identificar1o. Ahora se trata todo. Han medicalizado la tristeza. Uno de cada 10 niños reciben terapia contra el trastorno de hiperactividad (TDH): están medicando a los niños revoltosos.

– ¿Quién es responsable de esto?

-La industria, los médicos. El responsable es el propio sistema de salud, que autoriza y financia los medicamentos. En España se financian 10.000 fármacos pero solo se necesitan 400. ¿Quién podría tener conocimiento sobre 10.000 cosas? En el Hospital Vall d’Hebron, donde tratamos las enfermedades más complejas y complicadas, manejamos un centenar de medicamentos. Y no necesitamos más. Si se seleccionan los fármacos en función de las Circunstancias reales de los pacientes, se necesitan muy pocas sustancias.

Fuente: El Periódico

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