Desterrar violencias del sistema de atención a la salud mental

Hacemos eco de éste comunicado de nuestrxs compas de Flipas Gam, una red de grupos de apoyo mutuo de Madrid.
Uno de los últimos consensos de FLIPAS GAM, el colectivo madrileño de Apoyo Mutuo y activismo en salud mental, ha sido el de, de cara a conseguir que en los servicios de atención a la salud mental se nos trate de forma más humana y se reduzcan violencias hoy cotidianas, trabajar en visibilizar el tema de las presiones que sufren profesionales críticos en sus centros de trabajo, intentando recoger testimonios (pueden muy bien ser anónimos) para posibles artículos al respecto, tanto en nuestro blog, sitios afines tipo Mad in América Hispanohablante, como también en medios generalistas de mayor alcance.

A este respecto, hemos compartido este texto y este cartel en Facebook, por si os apetece leerlo o/y contribuir a moverlo:
Los servicios de atención a la salud mental tienen muchas cosas en las que habría que darles la vuelta como a un calcetín. Una de ellas es sus múltiples violencias. Prácticas coercitivas (que sí, son violencias en mayor o menor grado, así las percibimos y así las sentimos y nos afectan y dificultan nuestro proceso de recuperación) que se dan a diario en multitud de servicios por los que precisamente pasamos cuando más vulnerables estamos.

Estas medidas coercitivas, estas violencias cotidianas de cada día en psiquiatría, pueden ir desde los propios ingresos forzosos (en los que además no se nos informa de nuestros derechos, como el de solicitar un abogado que pueda ejercer nuestra defensa al ser un proceso judicializado); la medicación (y sobremedicación) forzosa o/y bajo coacción; las “contenciones mecánicas” (atarnos a la cama con correas); mantener las correas puestas en la cama durante noches y noches como advertencia/amenaza de lo que pasará si “nos portamos mal”; el aislamiento “terapéutico” (¿tera… qué?); otros tratamientos no farmacológicos también forzosos o/y bajo coacción (entre ellos el TEC o Terapia Electroconvulsiva); negarse a informarnos de qué medicación se nos está aplicando en cada momento; no informarnos tampoco de sus posibles efectos adversos; restringirnos llamadas, visitas, salidas…; invadir nuestra intimidad (por ejemplo, entrando en el baño mientras nos duchamos para “comprobarlo”, o no habiendo puerta alguna en el W.C.); no tratarnos como un interlocutor válido; decidir por nosotros con quién podemos comunicarnos o no; dificultar o impedirnos establecer vínculos con otros pacientes prohibiendo compartir teléfonos o e-mails…
La lista sería inmensa. Y hay grados y grados de violencias, claro,pero en nuestra experiencia, empezar por aceptar y ejercer un grado “pequeño” es casi garantía de acabar aceptando -y ejerciendo- un grado mayor.
Sabemos que algunos y algunas profesionales de salud mental también nombráis a estas prácticas como violencias, también reconocéis estos fallos de un sistema deshumanizado y deshumanizador. Y, algunos y algunas -quizá pocos aún, pero también esto empieza muuuuuy lentamente a cambiar- os resistís a reproducirlas en vuestros espacios de trabajo, os rebeláis, intentáis introducir alternativas. Algunos abandonáis el sistema sanitario por el coste personal que os supone. Otras, que elegís quedaros, sufrís presiones, amenazas y hasta represalias en vuestros servicios, por no querer continuar reproduciendo esta cadena violenta.
Según consensuamos en nuestra última asamblea, queremos trabajar activamente en la visibilización y denuncia de estas situaciones, de las que como ya dijimos, nosotros y nosotras, locos y locas, somos las principales víctimas, claro… pero quizá no las únicas. Queremos impedir que se siga presionando a los profesionales que sí elegís los cuidados y la ética frente a la coerción. Queremos apoyaros. Y visibilizar y denunciar que el problema existe es el primer paso.
¿Sufres o has sufrido en el pasado estas presiones, amenazas, represalias de las que hablamos? Cuéntanoslo, envíanos un mensaje privado en Twitter (tenemos los DM abiertos), en Facebook, por mail… Mueve este mensaje o este cartel en tus círculos profesionales, envíalo por WhatsApp, compártelo en tus redes sociales, imprímelo y cuélgalo en el corcho de tu centro de trabajo, anima a compañeros/as que sepas que lo están pasando mal a compartir su experiencia con nuestro Colectivo. Hacer del sistema sanitario un sistema que nos apoye y ayude realmente, desterrando esas violencias hoy cotidianas, es un trabajo duro y largo y que necesita muchas manos y cabezas pensantes, pero es posible. Ya os lo hemos dicho otras veces… el cambio es imparable.
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