Por qué casi todos los resultados publicados son falsos

Artículo original: Ioannidis JP. Why most published research findings are false. PLoS Med 2005; 2: e124. [Resumen] [Artículos relacionados] [Texto completo]

El número de artículos de investigación publicados en las revistas médicas es enorme, y sigue creciendo a un fuerte ritmo. Existe evidencia empírica de que los estudios que arrojan resultados “negativos” se publican menos a menudo y con más retraso que los que producen resultados “positivos”. Esta práctica, corresponsabilidad de autores, editores e industria farmacéutica, perjudica los intereses de los pacientes, y desde esta óptica se ha recomendado que se de prioridad a la publicación de los estudios con resultados negativos, que tienen una indudable utilidad para salvaguardar la salud de los ciudadanos y ahorrar grandes sumas de dinero, y que se haga un escrutinio muy cuidadoso de los estudios con resultados positivos, por cuanto éstos pueden no ser veraces y conducir así a prácticas médicas erróneas.

Habitualmente consideramos a los estudios publicados que presentan resultados “positivos” (a favor de la eficacia de un determinado tratamiento) como concluyentes; sin embargo, no es infrecuente que estudios posteriores contradigan esos resultados, creando un clima de nihilismo e incredulidad que en nada beneficia ni a la investigación ni a la práctica médica.

Ioannidis ha publicado recientemente un ensayo en el que argumenta algo que a primera vista pudiera parecer sorprendente: la mayoría de los resultados positivos de la investigación médica son falsos. Se trata no de un hallazgo empírico, ya que en cada estudio individual es difícil si no imposible comprobar la veracidad de sus hallazgos, si no es a posteriori, sino de un razonamiento deductivo expresado en formulaciones matemáticas sencillas.

La “significación estadística”, arbitrariamente fijada por lo general en un valor de P < 0,05, no implica la veracidad de los resultados de un estudio de investigación. El valor de P mide la probabilidad de que las diferencias encontradas se deban al azar. Si la P es suficientemente pequeña, se asume que las diferencias es improbable que sean debidas al azar, pero nada más. Sin embargo, que las diferencias encontradas no se deban al azar no significa necesariamente que se deban a la intervención realizada por los investigadores, sino que pueden ser debidas a otros factores que tienen una influencia mayor en uno de los grupos estudiados. La significación estadística, por tanto, se debe interpretar siempre a la luz de la calidad del diseño y la realización del estudio, que elimine la posible existencia de sesgos, y a un correcto análisis de los datos.

Otra limitación de la “significación estadística” es la multiplicidad de pruebas de significación, en análisis intermedios, análisis de subgrupos, o comprobación de múltiples hipótesis en un único estudio, que hacen que la probabilidad de encontrar por azar un resultado positivo no sea en realidad el valor nominal de la P, sino mucho mayor. En los análisis intermedios se deben emplear correcciones a la baja, de manera que se deben considerar significativos solo valores de P bastante menores de 0,05. En análisis de subgrupos, no se deben realizar pruebas de significación estadística convencionales, sino análisis de homogeneidad de los subgrupos. Cualquier resultado positivo de análisis de subgrupos o de desenlaces considerados secundarios en el diseño del estudio, deben considerarse como hallazgos generadores de hipótesis, que deben confirmarse en estudios posteriores, y nunca como resultados “positivos”.

La potencia del estudio, que depende del tamaño muestral (el número de individuos estudiados) es uno de los principales determinantes de la significación estadística, de manera que cuando el estudio incluye pocos pacientes debe haber grandes diferencias entre los grupos estudiados para alcanzar la significación, mientras que cuando el número es suficientemente grande, las diferencias, por pequeñas que sean, alcanzan significación estadística, aún cuando la magnitud del efecto (“effect size”) sea pequeña, por lo que no es sinónimo de relevancia clínica. Esto ocurre por ejemplo en los megaensayos de cardiología, donde se incluyen a menudo decenas de miles de pacientes, en los que se encuentran pequeñas diferencias a favor de un tratamiento en la ocurrencia de un desenlace compuesto por la suma de varios desenlaces individuales, que alcanzan significación en el desenlace compuesto pero son dudosamente relevantes.

Sin embargo, como Ioannidis hace lúcidamente notar, la probabilidad de que los resultados de un estudio sean ciertos depende no solo de la magnitud del efecto, la significación estadística y la potencia del estudio, sino también de un factor habitualmente olvidado, que es la probabilidad previa de que dichos resultados sean ciertos. La probabilidad previa depende de cada campo de investigación, y suele ser baja; sabemos por el teorema de Bayes que si la probabilidad previa es baja, incluso con un resultado positivo es improbable que los resultados de un estudio sean ciertos. La probabilidad previa depende de la plausibilidad biológica de la hipótesis de investigación, apoyada por datos de la investigación básica, por datos epidemiológicos sólidos, por datos experimentales preliminares y, sobretodo, por resultados de investigaciones previas realizadas con solvencia metodológica. En muchos casos estos elementos son inexistentes, y una probabilidad previa baja cuestiona cualquier resultado “positivo” de un ensayo clínico.

Además de los anteriores existen otros dos factores, que a menudo no son suficientemente apreciados y que cuando están presentes comprometen en gran medida la credibilidad de los hallazgos “positivos” de la investigación: la presencia de sesgos y la repetición de los estudios. Los sesgos son errores sistemáticos introducidos por los investigadores en la fase de diseño o en cualquiera de las fases posteriores del estudio, que alteran (falsean) los resultados. La publicación selectiva de la que hablábamos al principio del artículo es un tipo de sesgo: el sesgo de publicación, pero hay otros muchos, como la ausencia de cegamiento o aleatorización.

Por último, existe otro factor que hace aún más improbable la veracidad de los resultados positivos de un estudio de investigación: la multiplicidad de estudios. Cuando un tratamiento se prueba en múltiples ocasiones, la probabilidad de que una de ellas resulte positiva por azar es elevada. Esto ocurre a menudo en los campos “calientes” de la investigación, en los que son muchos los grupos que estudian simultáneamente cuestiones similares, en una carrera por encontrar cuanto antes resultados positivos.

Factores que influyen en la veracidad de un resultado positivo:

  • Magnitud del efecto
  • Significación estadística
  • Tamaño del estudio
  • Probabilidad previa
  • Existencia de sesgos
  • Multiplicidad de estudios

En la práctica no resulta fácil calcular matemáticamente la probabilidad de que un resultado positivo sea falso, pero es útil tener en cuenta las siguientes generalizaciones, enumeradas por Ioannidis:

  1. Cuanto menor sea el tamaño del estudio (número de individuos incluidos), más probable es que sus resultados sean falsos.
  2. Cuanto menores son las diferencias encontradas entre los grupos que se comparan (la magnitud del efecto), más probable es que esas diferencias sean falsas.
  3. Cuanto mayor sea el número de resultados investigado en un estudio, más probable es que las diferencias entontradas en alguno(s) de ellos sean falsas.
  4. Cuanto menos rígidos sean el diseño, las definiciones empleadas, los resultados estudiados y el análisis realizado, más probable es que sus resultados sean falsos.
  5. Cuanto mayores sean los intereses existentes en un determinado campo, más probable es que sus resultados sean falsos. Esto incluye no solo los intereses económicos, sino también los prejuicios de los investigadores y de las asociaciones científicas.
  6. Cuanto más actual sea un campo científico, más probable es que los hallazgos sean falsos.

El autor aboga por el cumplimiento estricto de las normas existentes para la conducción, análisis y publicación de los ensayos clínicos, así como por la revisión sistemática de toda la investigación realizada en un determinado campo, en vez de fiarse en los resultados de una única investigación. Los grandes estudios deberían reservarse para cuestiones relevantes, donde se prevea encontrar un beneficio importante para una porción importante de la población, después de un riguroso proceso de investigación básica y/o observacional, de manera que la probabilidad previa de encontrar resultados positivos con el estudio final sea elevada: esto no solo evitará perder recursos valiosos y escasos, sino también, permitirá considerar los resultados obtenidos como válidos.

Enlaces:

  • Wacholder S, Chanock S, Garcia-Closas M, El ghormli L, Rothman N. Assessing the probability that a positive report is false: An approach for molecular epidemiology studies. J Natl Cancer Inst 2004; 96: 434-442. [Resumen] [Artículos relacionados] [Texto completo]
  • Bhandari M, Montori VM, Schemitsch EH. The undue influence of significant p-values on the perceived importance of study results. Acta Orthop 2005; 76: 291-295. [Resumen] [Artículos relacionados] [Texto completo]
  • Chan AW, Hrobjartsson A, Haahr MT, Gotzsche PC, Altman DG. Empirical evidence for selective reporting of outcomes in randomized trials: Comparison of protocols to published articles. JAMA 2004; 291: 2457–2465. [Resumen] [Artículos relacionados] [Texto completo (registro gratuito)]
  • Ioannidis JP, Trikalinos TA. Early extreme contradictory estimates may appear in published research: The Proteus phenomenon in molecular genetics research and randomized trials. J Clin Epidemiol 2005; 58: 543–549. [Resumen] [Artículos relacionados]
  • Ioannidis JPA. Contradicted and initially stronger effects in highly cited clinical research. JAMA 2005; 294: 218–228. [Resumen] [Artículos relacionados] [Texto completo (registro gratuito)]
  • Sterne JA, Davey Smith G. Sifting the evidence: What’s wrong with significance tests. BMJ 2001; 322: 226-231. [Resumen] [Artículos relacionados] [Texto completo]

Eduardo Palencia Herrejón
Hospital Gregorio Marañón, Madrid

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Breves pistas para profesionales de la salud mental que se encuentran actualmente desorientados

Una vez mas, nos hacemos eco de otro texto de lxs hermanxs de primera vocal:

Dadas las inquietudes y los quebraderos de cabeza que están generando en algunos profesionales de la salud mental (en especial en aquellos con cargos más elevados y mayor poder asociado) la creciente crítica social desarrollada contra sus disciplinas y el aumento progresivo de la autoorganización de personas diagnosticadas y profesionales disidentes, hemos decidido redactar unas brevísimas pistas que esperamos sean del agrado y utilidad de los lectores.

Con la pretensión de contribuir a reducir la ansiedad generada por el desconcierto, hemos decidido trabajar de manera esquemática. Es nuestra intención no dejar atrás a nadie. Pues los psiquiatras y psicólogos, pese a estar acostumbrados a leer densos manuales y artículos “científicos”, son tendentes a desorientarse cuando entra en juego la peligrosa sencillez del sentido común.

Comenzamos.

– Esto es España. Su historia reciente está marcada por cuatro décadas de dictadura militar. Ese hecho atraviesa, se quiera no, instituciones, saberes y prácticas. Las actitudes autoritarias que campan a sus anchas por unidades de hospitalización, centros de salud mental, residencias y consultas se nutren de un pasado vertical. Este es el país de la amenaza, la prepotencia y la tendencia tertuliana a no callar jamás. El paternalismo de cinturón. El campo yermo de las verdades absolutas. España, donde una reforma psiquiátrica fue a todas luces insuficiente para afrontar las enormes deficiencias que caracterizaban el tratamiento de los hombres y mujeres que sufrían psíquicamente.

– Vivimos dentro de un orden capitalista. Por muy despolitizado que se quiera ser, la realidad objetiva es esa. Por tanto, pretender que se puede trabajar con personas al margen de los intereses mercantiles y la búsqueda desesperada del beneficio es un delirio (un delirio conservador, pero un delirio al fin y al cabo). Se vive mejor chapoteando en el autoengaño que encarando las cosas como son, pero esa posibilidad solo está al alcance de la mano de personas cuyo quehacer diario no implica responsabilidad alguna (si es que existen). Los trabajadores de la salud mental tienen una enorme responsabilidad sobre sus hombros y no pueden ni podrán jamás huir de ella. Es algo inherente a su condición: trabajan con hombres y mujeres en situación de vulnerabilidad.

– Los intereses de la industria farmacéutica y los recortes administrativos son dos amenazas tangibles que arremeten contra la vida misma.

No nos vale hablar de los primeros en términos de inevitabilidad. No nos vale cuando los segundos sirven de coartada para la barbarie. “Las cosas son así”, nos dicen. Y por eso hay que atar a la gente, por falta de recursos, por ejemplo. O ceder ante el enésimo chantaje de la farmacéutica de turno, que suelta los billetes tan solo para ganar más billetes.  Pensamos en Bertolt Brecht: “Ante los hechos cotidianos, por favor, no digan: ‘Es natural’. En una época de confusión organizada, de desorden decretado, de arbitrariedad planificada y de humanidad deshumanizada… Nunca digan: ‘Es natural’, para que todo pueda ser cambiado”. Un  profesional de la salud mental que señala a los recortes con el dedo mientras desvía la mirada a otro lado es un sinvergüenza.

– La psiquiatría y la psicología son disciplinas sumamente frágiles. Su contribución a la reducción del sufrimiento es cuando menos cuestionable (cada vez más diagnósticos, cada vez más fármacos: el agujero crece a buen ritmo). Dedican más esfuerzos en justificarse a sí mismas que en buscar y ofrecer herramientas útiles y tangibles con las que abordar el dolor. La desconfianza para con ellas es generalizada. Solo algunos familiares de personas diagnosticadas y un puñado de estudiantes bienintencionados mantienen la fe de manera inquebrantable.

Desde esa debilidad, buena parte de los profesionales ven cualquier cuestionamiento de su práctica como un ataque frontal y se revuelven con uñas y dientes (sea con beligerancia o desde el victimismo). Es entonces cuando la asimetría entre diagnosticador y diagnosticado crece todavía un poco más y las relaciones de poder que configuran el campo de la salud mental quedan expuestas a la mirada de todo el mundo. La desnudez de un agravio que no se encuentra precisamente en el lado de los profesionales…

Esto es lo que sucede cuando en un espacio público es refutado un eminente psiquiatra. O cuando llegan voces de fuera de esta España de pandereta que plantean estudios o esgrimen hipótesis que vulneran su hegemonía. Pelos erizados y rechinar de dientes. ¿Quién osa cuestionar el estatus alcanzado? Sin duda una pequeña horda de locos desatados, subversivos e inconscientes. Se desprecia su trabajo, su conocimiento y su experiencia vital porque son advenedizos cuando no abiertamente peligrosos.

– Como psiquiatrizados en lucha que somos quienes escribimos, valoramos infinitamente más un saber real que una quimera académica. Y no es una cuestión de gustos, es una cuestión de supervivencia. Pura evidencia.

En última instancia, lo que es realmente difícil de hacer comprender (y en esto tenemos una gran responsabilidad quienes no somos capaces de ello) es que el sufrimiento psíquico se enmarca en las relaciones humanas. Nace  y bebe de ellas. Las agota y las incendia. Las conforma y reproduce. Y ahí es difícil cuando no imposible hacer ciencia.

Leer a Hannah Arendt puede ayudar a quien le tiemble el suelo bajo los pies. Le dio vueltas al asunto. Le preocupaba que la arrogancia científica y su pretensión de totalidad justificara el pasar por encima de las relaciones que establecen las personas entre sí. Tenía ojo. Hay límites para cada tipo de conocimiento. El desafío reside en aceptar su existencia, en que los profesionales de la salud mental sean capaces de no solo de enunciar su voluntad de querer conocerlos, sino de cuestionar el propio lugar que ocupan en el mundo.

– Robert Lynd escribió:  “Una de las mayores alegrías del hombre es sumergirse en la ignorancia en búsqueda del conocimiento. El gran placer de la ignorancia es, después de todo, es el placer de hacer preguntas. El hombre que ha perdido este placer o lo ha cambiado por el dogma que es el placer de responder, ya ha empezado a anquilosarse”. Y nosotros os decimos que esas líneas dibujan los contornos de un mapa que todavía está por confeccionar.

– Los derechos humanos son innegociables. De lo contrario, no serían “derechos humanos”. Su vulneración es una declaración de guerra. La actual correlación de fuerzas permite los desmanes, pero los procesos históricos que los conquistan son lentos hasta que dejan de serlo. Y entonces solo queda el balbuceo atónito de quienes no pueden creer que aquello fuera “natural”. A su vez, las palabras de quienes defienden sin despeinarse que a día de hoy es imposible no poner correas a la gente ni acompañarla sin agresivos tratamientos farmacológicos, dándolo por bueno y llegando a justificar lo injustificable, servirán de aviso a futuros navegantes de lo cerca que puede estar el abismo.

Psiquiatrizadxs en Lucha

25 de septiembre del año 32 de la Era Orwell.

Fuente: Primera Vocal

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Los días en el centro

Foto documental Los días en el Centro

Introducción

Los días en el centro es un trabajo documental llevado a cabo durante el 2014 en el Centro de Día de Salud Mental Capacidades Diferentes, en el barrio porteño de Barracas. El mismo nos invita a reflexionar sobre otras realidades y verdades, distintas a las que estamos habituados (o nos han habituados) a ver y considerar.

En esta tarea colectiva se incluye un registro fotográfico realizado por Darío Cavacini en diferentes momentos cotidianos de la institución donde el abanico de sentimientos y emociones se muestran sin veladuras, y en los que se observan las reminiscencias de pasados que se vuelven presente, y de un presente que quiere anhelar futuros.

Cada una de las imágenes contiene un pie de foto expresado por los propios concurrentes de la institución en el marco del taller de fotoperiodismo, coordinado por Cavacini. El eje del trabajo fue diferenciar las distintas vivencias que despierta una internación psiquiátrica, en contraposición con lo que significa asistir a un centro de de día.

El trabajo lo complementa un interesante escrito del director de la institución –Guillermo Gaetano- reflexionando acerca de los variados aspectos que conforman el cotidiano de los centros de día en general y éste en particular y el valor de la fotografía como espejo e imagen política que nos atraviesa e interroga.

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Exhaustos-y-corriendo-y-dopados

Autora del texto: Eliane Brum.

Fuente: El País

En la sociedad del desempeño, hemos logrado la hazaña de abrigar al amo y al esclavo en el mismo cuerpo.

Nos creemos tan libres como dueños de tabletas y móviles, vamos a cualquier lugar en Internet, luchamos por las causas incluso de países del otro lado del planeta, participamos en protestas globales y casi no nos damos cuenta de que hemos creado una postsumisión. O un tipo más peligroso e insidioso de sumisión. Nos hemos esforzado libremente y con gran ahínco para alcanzar la meta de trabajar 24/7. Veinticuatro horas siete días a la semana. Ningún capitalista había soñado tanto. El jefe nos alcanza en cualquier lugar, a cualquier hora. La jornada de trabajo ya no acaba nunca. Ya no hay un espacio de trabajo y un espacio de recreación, ya no hay ni siquiera una casa. Todo se confunde. Internet se ha usado para borrar las fronteras también del mundo interno, que ahora es un fuera. Estamos siempre, de algún modo, trabajando, haciendo networking, debatiendo (o discutiendo), interviniendo, tratando de no perdernos nada, sobre todo las noticias ordinarias. Nos consumimos animadamente, al ritmo de emoticonos. Y, así, perdemos tan solo el alma. Y logramos una hazaña sin precedentes: ser amos y esclavos al mismo tiempo. Seguir leyendo

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Genocidio por prescripción: La “historia natural” del declive de la clase obrera blanca en Estados Unidos.

Publicamos éste artículo que  analiza el impacto en EEUU de las transformaciones sociales, de clase, en las ciudades pequeñas y el medio rural de USA, que han afectado, especialemente, a la clase obrera blanca, la misma que apoya al fascista de Trump.Petras lleva insistiendo en mantener un análisis racionalista que desentrañe el racismo subyacente al voto de Trump, que lo comprenda en su contenido social de clase. En este artículo analiza la epidemia de muertes de trabajadores blancos por sobredosis de drogas legales de la farmaindustria y como ello es el resultado del desmantelamiento del empleo digno,de la seguridad laboral, la sindicación y las redes de apoyo comunitarias en el contexto de triunfo neoliberal y su impulso de la farmaindustiria que prima el resultado en detrimento de la sanidad centrada en el paciente. Si os parece bien podríamos publicarlo. El voto a Trump, Petras lo lleva avisando en varias publicaciones, expresa una protesta clasista de los trabajadores blancos que han perdido su seguridad en el trabajo, sus redes de apoyo sindicales y son presa de soluciones atomizadoras, neoliberales, presa de la farmaindustria y su medicalización del malestar social.

Autoría: James Petras y Robin Eastman-Abaya

Fuente:Rebelión.org

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

La clase obrera blanca en EE.UU. ha sido diezmada por una epidemia de «muertes prematuras», un término banal para encubrir el descenso de la esperanza de vida en este grupo demográfico de importancia histórica. Se han realizado estudios e informes reservados que describen lejanamente esta tendencia, pero sus conclusiones aún no han entrado en la conciencia nacional por razones que vamos a tratar de explorar en este artículo.

De hecho esta es la primera vez en la historia de «tiempos de paz» del país que el núcleo de su sector productivo tradicional ha experimentado un declive demográfico tan dramático. Y el epicentro se encuentra en los pequeños pueblos y comunidades rurales de los Estados Unidos.

Las causas de la «muerte prematura» (morir antes de la esperanza de vida normal, por lo general en condiciones prevenibles) incluyen el acentuado aumento de la incidencia del suicidio, las complicaciones no tratadas de la diabetes y la obesidad y sobre todo el «envenenamiento accidental», un eufemismo usado para describir lo que son en su mayoría medicamentos con receta, las sobredosis de drogas ilegales y la interacción con otros medicamentos tóxicos.

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Las consecuencias de “medicalizar” con peligrosísimos antipsicóticos. De Miguel Jara.

Nos hacemos eco de éste artículo que salió en el blog de Miguel Jara hace ya unos años, en el 2012, y por la vigencia que todavía tiene es que lo publicamos:

Un psiquiatra de mi confianza y colaborador habitual del blog ha estado este verano juntando toda la información que posee sobre la peligrosidad e inutilidad de los medicamentos antipsicóticos y me ha enviado un texto largo sobre ello que os resumo:

1- Los antipsicóticos son responsable de una pérdida media de más 15 años de vida en pacientes esquizofrénicos. Puesto que esto es una medida estadística, podríamos decir que matan a bastantes de sus usuarios, algunos jóvenes. En los ancianos con demencia se podría hablar de un gerontocidio lucrativo.Risperdal antipsicótico neuroléptico

2- El pronóstico de la esquizofrenia es significativamente mejor en Nigeria o India que en los países desarrollados. El menor uso de antipsicóticos y la existencia de redes sociales naturales más tolerantes e inclusivas parecen ser las variables importantes.

Como preventivos de recaidas en la esquizofrenia, los antipsicóticos no solo dejan de ser eficaces hacia el final del primer año después del brote agudo, sino que en algunos casos las causan y peores que el brote original (psicosis de rebote o supersensibilidad dopamínica).

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Lobotomía, del premio nobel al aprobío y otros textos

                                                                                                                                                           lobotomia45_psico

«Lobotomía o leucotomía prefrontal se denomina a un procedimiento quirúrgico por el cual se seccionan fibras nerviosas de la región frontal del cerebro, desconectando la corteza frontal del resto del cerebro. El procedimiento consiste en perforar el cráneo e introducir instrumentos especiales para seccionar las fibras nerviosas del lóbulo frontal. La hipótesis que sostiene este procedimiento está dada por el conocimiento de la implicancia que tiene la corteza frontal en el control y modulación de la conducta y las emociones en seres humanos y primates superiores. De esta forma, muchas patologías como la depresión, la ansiedad generalizada, las psicosis y el trastorno obsesivo-compulsivo tendrían relación con alteraciones neurofisiológicas en la corteza frontal. […] Esta sociedad desquicia a la gente, y cada día lo hace más. He aquí nuestro punto de partida. No parece descabellado afirmar que en los entornos en los que vivimos, quien no experimenta algún problema relacionado con la salud mental (de distinta índole, que pueden ir desde una depresión puntual a una psicosis, pasando por todo tipo de idas de pinza, como se las suele llamar), muy probablemente tendrá cerca a alguien que está sufriendo psíquicamente. El malestar y las patologías mentales crecen de forma exponencial. El consumo de psicofármacos se ha generalizado hasta el punto de que se toma por normal el hecho de que niños, adultos y ancianos ingieran cotidianamente sustancias químicas para adaptarse a las exigencias y la urgencia de este mundo.

Sobrevivimos, unos con más suerte, otros con menos. Algunos incluso nos volvemos locos. La existencia del ser humano ha sido reducida a una competición adaptativa, a un baile de imágenes en el que ya nadie sabe quién es quién. Esta sociedad que nos desquicia sólo conoce una lógica y es la mercantil: producimos mercancías y somos producidos por ellas. La necesidad lucrativa degrada la vida, y en última instancia, la liquida. De manera que aquí estamos. Los psiquiatras afirman rotundos que para la mayor parte de las patologías mentales que nos asignan no hay recuperación posible, y que la manera de alcanzar cierta «calidad de vida» pasa por medicarse, y la psicocirugía es una forma más de medicación».

Descargar el texto entero aquí

Fuente: Exnihilo

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