Psicofármacos en centros de menores

LA ONU DA UN AVISO A ESPAÑA POR LA ADMINISTRACIÓN DE PSICOFÁRMACOS EN LOS CENTROS DE REFORMA

• Los calmantes y otros medicamentos se han convertido en las ‘camisas de fuerza’ de los centros de menores. Cuestionados por los suicidios y las denuncias de abusos y maltratos, ahora están bajo sospecha por la utilización abusiva de fármacos como método de castigo o de contención para los chicos más conflictivos.

centrosdemenoresReportaje por: Jaime Barrientos

La utilización de psicofármacos –ansiolíticos, tranquilizantes, antidepresivos…– en los centros de menores españoles como forma de castigo, medida de contención y hasta de coacción ha llegado a Naciones Unidas. El pasado mes de noviembre, el Comité contra la Tortura de la ONU volvió a mostrar al Gobierno español su inquietud por los episodios de aislamiento que se producen en estos centros y por “una administración de fármacos que se realizaría sin adecuadas garantías”. Eso, sin contar con los suicidios o las denuncias por abusos y malos tratos, que han puesto a estas instituciones –sobre todo, las gestionadas por manos privadas– en el punto de mira de las organizaciones de derechos humanos.

“Me ponían hasta la bola de pastillas. Nunca me dijeron qué eran ni
para qué servían; un educador me comentó que una de ellas era
Trankimazin [un fuerte ansiolítico que tiene como efecto secundarios
el adormecimiento]. Se me caía la baba. Me fueron dando cada vez
más, incluidos protectores del estómago porque las pastillas eran
muy fuertes y me provocaban diarrea. Cuando salí, en abril de 2008,
me dieron un paquete con pastillas para que poco a poco me las
fuera quitando. Las tiré a la basura y me dio mucho mono, insomnio
y nervios”. Quien relata su experiencia es J., un chaval que estuvo
interno en el Centro de Reforma de Pi i Gross, en Castellón.

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Jornadas “La salud mental a debate” Hervás 27-28 de Mayo

 Desde Hervás nos envían la promoción de éstas jornadas en las que participaremos compartiendo la experiencia del recorrido que llevamso como colectivo.

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Mas info aquí

Desde el Ateneo Libertario de Hervás os invitamos a llevar a debate la salud mental.
El 27 y 28 de mayo reflexionaremos sobre las dolencias psíquicas, intentando traspasar los límites de la visión hegemónica actual.
Entendemos muchos de los malestares psíquicos como fruto de un modelo social difícilmente habitable, en el que existe un marco reducido de lo socialmente aceptable.
Queremos comprender mejor y compartir en lo posible el peso que soportan las personas diagnosticadas, estigmatizadas socialmente. Optamos por una psicología crítica, la autogestión de la salud y los grupos de apoyo mutuo. Pero para ello queremos aprender y construir en colectivo.
Por supuesto, no dejaremos de lado la infancia, donde todo este panorama es especialmente cruel.
El sábado al mediodía tendremos comida comunal para compartir un rato agradable y autogestionar las jornadas.
El aforo es limitado, también necesitamos saber los comensales,  por lo que rogamos os inscribais en nuestro correo: aldhervas@yahoo.es
Para cualquier duda o aportación contacta con nosotros en:
aldhervas@yahoo.es
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Violencias (in)visibles -parte I-, Ana Carralero en las VI Jornadas de La Revolución Delirante

Texto extraído de la web La Revolución Delirante

Os dejamos el texto que nuestra compañera, Ana Carralero Montero, enfermera especialista en Salud Mental del CSM San Blas de Madrid, presentó el pasado día 15 de Octubre en las VI Jornadas de La Revolución Delirante.

 

Le agradecemos que haya compartido con nosotros este magnífico testimonio y esperamos que sea el primero de muchos otros de los que pudimos escuchar en este apasionado encuentro sobre “Coerción y Violencia en Salud Mental”.

Se recomienda encarecidamente pensar después de leer.

La parte más difícil es aceptar mi responsabilidad en la dinámica de la violencia.

(Claude Anshin Thomas.)

Es un placer poder participar en estas Jornadas de la Revolución Delirante. Es la primera vez que me encuentro en un espacio profesional en el que puedo expresar libremente mi preocupación por el tema de la violencia en psiquiatría, haciéndolo desde una posición no de réplica y con el propósito de contribuir a un diálogo que genere conocimiento colectivo. Para mí es toda una novedad. Y también lo es llamarlo “violencia”; no “manejo del paciente” ni “contención” ni “defensa personal”. Porque creo que llamarlo “violencia” es el primer paso para poder dejar de ejercerla.

No es común en psiquiatría llamar a las cosas por su nombre. Lo más habitual es utilizar eufemismos o términos innecesariamente complejos que en muchas ocasiones ocultan -o justifican- la brutalidad de nuestras prácticas.

Por ejemplo, una de estas prácticas consiste en atar a la gente a la cama. Desde luego no es la única práctica de violencia que ejercemos, pero quizá sí sea la que mejor simboliza el trato inhumano y hasta dónde llegamos en el control de la conducta. El término que nos sirve para justificar esta práctica es el de “agitación psicomotriz”. Aunque intenta categorizarse como un síndrome clínico, lo cierto es que las definiciones que se proporcionan son ambiguas y poco exhaustivas.

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Mercadillo psi de Apps. Reseña de la jornada “Nuevas tecnologías aplicadas a la Salud Mental”

El 5 de octubre se realizó la jornada con el título ‘Nuevas tecnologías aplicadas a la Salud Mental’, en el marco del ciclo de conferencies “Nuevos retos en Salud Mental y Adicciones” que organiza el Instituto de Neuropsiquiatria y Adicciones del Hospital del Mar.
Allí se habló de eHEALTH o ‘salud digital’, y de la aplicación de estas nuevas tecnologías en su trato con las personas usuarias de la red de salud mental.

Tras la presentación del director del INAD, Víctor Pérez-Solà y el representante del Ayuntamiento, inició su monólogo el psicólogo F. Colom contratado recientemente por esta empresa para promover la investigación en determinadas áreas. Éste se dedicó básicamente a vender la necesidad de extender la mano de los terapeutas hasta abarcar cualquier lugar por remoto que sea. Y claro está que para eso, nada mejor que las nuevas tecnologías. Donde antes se hacía una terapia individual, ya no sólo se puede hacer un grupo terapéutico, sino que además se puede dar una terapia online donde sea y cuando sea… Ese fue el previo para luego poder hacer una alabanza absolutamente desmedida de la necesidad de innovación (claro está, en relación directa con su contrato de trabajo y su posición en la empresa). ¡Innovación porque es progreso!¡innovación porque es ser ético con el paciente!¡innovación para avanzar!¡para financiarnos solos y para abaratar costes y para ganar a la competencia y…! Y es que, antes de nada, ya había certificado la muerte de las psicoterapias.
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“La biomedicina se ha convertido en un enorme fracaso social y en un problema de salud pública”. Entrevista a Abel Novoa

Extraído de: http://www.nogracias.eu/2016/11/27/la-biomedicina-se-ha-convertido-en-un-enorme-fracaso-social-y-en-un-problema-de-salud-publica-entrevista-a-abel-novoa/

Entrevista a Abel Novoa, Presidente de NoGracias, en el último número de la revista Salud 2000 editada por la Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública (FADSP)

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Presidente de NoGracias desde noviembre de 2013, Abel Novoa (26 de septiembre de 1966) es médico de familia, doctor en medicina, master en bioética y estudioso de los nuevos paradigmas de la salud y la medicina. Es un profesional con iniciativa y energía, comprometido con la defensa de la equidad y el derecho a la salud. Los profesionales favorables a la transparencia en el acceso a los medicamentos y a las tecnologías sanitarias leemos con interés sus periódicas contribuciones en el blog de NoGracias, por la profundidad de sus análisis y la actualidad de los temas que elige.

La FADSP estuvo en el lanzamiento de NoGracias y comparte su ideario. Desde Murcia, donde ejerce como médico de urgencias hospitalarias y vicepresidente de la ADSPRM, Abel es un firme defensor de la sanidad pública.

PREGUNTA: ¿Qué le sugiere esta noticia?: por cada 1.000 dólares que gasta la industria farmacéutica en formación médica se incrementa casi un 5 % la prescripción de estatinas de marca Seguir leyendo

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Por qué casi todos los resultados publicados son falsos

Artículo original: Ioannidis JP. Why most published research findings are false. PLoS Med 2005; 2: e124. [Resumen] [Artículos relacionados] [Texto completo]

El número de artículos de investigación publicados en las revistas médicas es enorme, y sigue creciendo a un fuerte ritmo. Existe evidencia empírica de que los estudios que arrojan resultados “negativos” se publican menos a menudo y con más retraso que los que producen resultados “positivos”. Esta práctica, corresponsabilidad de autores, editores e industria farmacéutica, perjudica los intereses de los pacientes, y desde esta óptica se ha recomendado que se de prioridad a la publicación de los estudios con resultados negativos, que tienen una indudable utilidad para salvaguardar la salud de los ciudadanos y ahorrar grandes sumas de dinero, y que se haga un escrutinio muy cuidadoso de los estudios con resultados positivos, por cuanto éstos pueden no ser veraces y conducir así a prácticas médicas erróneas.

Habitualmente consideramos a los estudios publicados que presentan resultados “positivos” (a favor de la eficacia de un determinado tratamiento) como concluyentes; sin embargo, no es infrecuente que estudios posteriores contradigan esos resultados, creando un clima de nihilismo e incredulidad que en nada beneficia ni a la investigación ni a la práctica médica.

Ioannidis ha publicado recientemente un ensayo en el que argumenta algo que a primera vista pudiera parecer sorprendente: la mayoría de los resultados positivos de la investigación médica son falsos. Se trata no de un hallazgo empírico, ya que en cada estudio individual es difícil si no imposible comprobar la veracidad de sus hallazgos, si no es a posteriori, sino de un razonamiento deductivo expresado en formulaciones matemáticas sencillas.

La “significación estadística”, arbitrariamente fijada por lo general en un valor de P < 0,05, no implica la veracidad de los resultados de un estudio de investigación. El valor de P mide la probabilidad de que las diferencias encontradas se deban al azar. Si la P es suficientemente pequeña, se asume que las diferencias es improbable que sean debidas al azar, pero nada más. Sin embargo, que las diferencias encontradas no se deban al azar no significa necesariamente que se deban a la intervención realizada por los investigadores, sino que pueden ser debidas a otros factores que tienen una influencia mayor en uno de los grupos estudiados. La significación estadística, por tanto, se debe interpretar siempre a la luz de la calidad del diseño y la realización del estudio, que elimine la posible existencia de sesgos, y a un correcto análisis de los datos.

Otra limitación de la “significación estadística” es la multiplicidad de pruebas de significación, en análisis intermedios, análisis de subgrupos, o comprobación de múltiples hipótesis en un único estudio, que hacen que la probabilidad de encontrar por azar un resultado positivo no sea en realidad el valor nominal de la P, sino mucho mayor. En los análisis intermedios se deben emplear correcciones a la baja, de manera que se deben considerar significativos solo valores de P bastante menores de 0,05. En análisis de subgrupos, no se deben realizar pruebas de significación estadística convencionales, sino análisis de homogeneidad de los subgrupos. Cualquier resultado positivo de análisis de subgrupos o de desenlaces considerados secundarios en el diseño del estudio, deben considerarse como hallazgos generadores de hipótesis, que deben confirmarse en estudios posteriores, y nunca como resultados “positivos”.

La potencia del estudio, que depende del tamaño muestral (el número de individuos estudiados) es uno de los principales determinantes de la significación estadística, de manera que cuando el estudio incluye pocos pacientes debe haber grandes diferencias entre los grupos estudiados para alcanzar la significación, mientras que cuando el número es suficientemente grande, las diferencias, por pequeñas que sean, alcanzan significación estadística, aún cuando la magnitud del efecto (“effect size”) sea pequeña, por lo que no es sinónimo de relevancia clínica. Esto ocurre por ejemplo en los megaensayos de cardiología, donde se incluyen a menudo decenas de miles de pacientes, en los que se encuentran pequeñas diferencias a favor de un tratamiento en la ocurrencia de un desenlace compuesto por la suma de varios desenlaces individuales, que alcanzan significación en el desenlace compuesto pero son dudosamente relevantes.

Sin embargo, como Ioannidis hace lúcidamente notar, la probabilidad de que los resultados de un estudio sean ciertos depende no solo de la magnitud del efecto, la significación estadística y la potencia del estudio, sino también de un factor habitualmente olvidado, que es la probabilidad previa de que dichos resultados sean ciertos. La probabilidad previa depende de cada campo de investigación, y suele ser baja; sabemos por el teorema de Bayes que si la probabilidad previa es baja, incluso con un resultado positivo es improbable que los resultados de un estudio sean ciertos. La probabilidad previa depende de la plausibilidad biológica de la hipótesis de investigación, apoyada por datos de la investigación básica, por datos epidemiológicos sólidos, por datos experimentales preliminares y, sobretodo, por resultados de investigaciones previas realizadas con solvencia metodológica. En muchos casos estos elementos son inexistentes, y una probabilidad previa baja cuestiona cualquier resultado “positivo” de un ensayo clínico.

Además de los anteriores existen otros dos factores, que a menudo no son suficientemente apreciados y que cuando están presentes comprometen en gran medida la credibilidad de los hallazgos “positivos” de la investigación: la presencia de sesgos y la repetición de los estudios. Los sesgos son errores sistemáticos introducidos por los investigadores en la fase de diseño o en cualquiera de las fases posteriores del estudio, que alteran (falsean) los resultados. La publicación selectiva de la que hablábamos al principio del artículo es un tipo de sesgo: el sesgo de publicación, pero hay otros muchos, como la ausencia de cegamiento o aleatorización.

Por último, existe otro factor que hace aún más improbable la veracidad de los resultados positivos de un estudio de investigación: la multiplicidad de estudios. Cuando un tratamiento se prueba en múltiples ocasiones, la probabilidad de que una de ellas resulte positiva por azar es elevada. Esto ocurre a menudo en los campos “calientes” de la investigación, en los que son muchos los grupos que estudian simultáneamente cuestiones similares, en una carrera por encontrar cuanto antes resultados positivos.

Factores que influyen en la veracidad de un resultado positivo:

  • Magnitud del efecto
  • Significación estadística
  • Tamaño del estudio
  • Probabilidad previa
  • Existencia de sesgos
  • Multiplicidad de estudios

En la práctica no resulta fácil calcular matemáticamente la probabilidad de que un resultado positivo sea falso, pero es útil tener en cuenta las siguientes generalizaciones, enumeradas por Ioannidis:

  1. Cuanto menor sea el tamaño del estudio (número de individuos incluidos), más probable es que sus resultados sean falsos.
  2. Cuanto menores son las diferencias encontradas entre los grupos que se comparan (la magnitud del efecto), más probable es que esas diferencias sean falsas.
  3. Cuanto mayor sea el número de resultados investigado en un estudio, más probable es que las diferencias entontradas en alguno(s) de ellos sean falsas.
  4. Cuanto menos rígidos sean el diseño, las definiciones empleadas, los resultados estudiados y el análisis realizado, más probable es que sus resultados sean falsos.
  5. Cuanto mayores sean los intereses existentes en un determinado campo, más probable es que sus resultados sean falsos. Esto incluye no solo los intereses económicos, sino también los prejuicios de los investigadores y de las asociaciones científicas.
  6. Cuanto más actual sea un campo científico, más probable es que los hallazgos sean falsos.

El autor aboga por el cumplimiento estricto de las normas existentes para la conducción, análisis y publicación de los ensayos clínicos, así como por la revisión sistemática de toda la investigación realizada en un determinado campo, en vez de fiarse en los resultados de una única investigación. Los grandes estudios deberían reservarse para cuestiones relevantes, donde se prevea encontrar un beneficio importante para una porción importante de la población, después de un riguroso proceso de investigación básica y/o observacional, de manera que la probabilidad previa de encontrar resultados positivos con el estudio final sea elevada: esto no solo evitará perder recursos valiosos y escasos, sino también, permitirá considerar los resultados obtenidos como válidos.

Enlaces:

  • Wacholder S, Chanock S, Garcia-Closas M, El ghormli L, Rothman N. Assessing the probability that a positive report is false: An approach for molecular epidemiology studies. J Natl Cancer Inst 2004; 96: 434-442. [Resumen] [Artículos relacionados] [Texto completo]
  • Bhandari M, Montori VM, Schemitsch EH. The undue influence of significant p-values on the perceived importance of study results. Acta Orthop 2005; 76: 291-295. [Resumen] [Artículos relacionados] [Texto completo]
  • Chan AW, Hrobjartsson A, Haahr MT, Gotzsche PC, Altman DG. Empirical evidence for selective reporting of outcomes in randomized trials: Comparison of protocols to published articles. JAMA 2004; 291: 2457–2465. [Resumen] [Artículos relacionados] [Texto completo (registro gratuito)]
  • Ioannidis JP, Trikalinos TA. Early extreme contradictory estimates may appear in published research: The Proteus phenomenon in molecular genetics research and randomized trials. J Clin Epidemiol 2005; 58: 543–549. [Resumen] [Artículos relacionados]
  • Ioannidis JPA. Contradicted and initially stronger effects in highly cited clinical research. JAMA 2005; 294: 218–228. [Resumen] [Artículos relacionados] [Texto completo (registro gratuito)]
  • Sterne JA, Davey Smith G. Sifting the evidence: What’s wrong with significance tests. BMJ 2001; 322: 226-231. [Resumen] [Artículos relacionados] [Texto completo]

Eduardo Palencia Herrejón
Hospital Gregorio Marañón, Madrid

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Breves pistas para profesionales de la salud mental que se encuentran actualmente desorientados

Una vez mas, nos hacemos eco de otro texto de lxs hermanxs de primera vocal:

Dadas las inquietudes y los quebraderos de cabeza que están generando en algunos profesionales de la salud mental (en especial en aquellos con cargos más elevados y mayor poder asociado) la creciente crítica social desarrollada contra sus disciplinas y el aumento progresivo de la autoorganización de personas diagnosticadas y profesionales disidentes, hemos decidido redactar unas brevísimas pistas que esperamos sean del agrado y utilidad de los lectores.

Con la pretensión de contribuir a reducir la ansiedad generada por el desconcierto, hemos decidido trabajar de manera esquemática. Es nuestra intención no dejar atrás a nadie. Pues los psiquiatras y psicólogos, pese a estar acostumbrados a leer densos manuales y artículos “científicos”, son tendentes a desorientarse cuando entra en juego la peligrosa sencillez del sentido común.

Comenzamos.

– Esto es España. Su historia reciente está marcada por cuatro décadas de dictadura militar. Ese hecho atraviesa, se quiera no, instituciones, saberes y prácticas. Las actitudes autoritarias que campan a sus anchas por unidades de hospitalización, centros de salud mental, residencias y consultas se nutren de un pasado vertical. Este es el país de la amenaza, la prepotencia y la tendencia tertuliana a no callar jamás. El paternalismo de cinturón. El campo yermo de las verdades absolutas. España, donde una reforma psiquiátrica fue a todas luces insuficiente para afrontar las enormes deficiencias que caracterizaban el tratamiento de los hombres y mujeres que sufrían psíquicamente.

– Vivimos dentro de un orden capitalista. Por muy despolitizado que se quiera ser, la realidad objetiva es esa. Por tanto, pretender que se puede trabajar con personas al margen de los intereses mercantiles y la búsqueda desesperada del beneficio es un delirio (un delirio conservador, pero un delirio al fin y al cabo). Se vive mejor chapoteando en el autoengaño que encarando las cosas como son, pero esa posibilidad solo está al alcance de la mano de personas cuyo quehacer diario no implica responsabilidad alguna (si es que existen). Los trabajadores de la salud mental tienen una enorme responsabilidad sobre sus hombros y no pueden ni podrán jamás huir de ella. Es algo inherente a su condición: trabajan con hombres y mujeres en situación de vulnerabilidad.

– Los intereses de la industria farmacéutica y los recortes administrativos son dos amenazas tangibles que arremeten contra la vida misma.

No nos vale hablar de los primeros en términos de inevitabilidad. No nos vale cuando los segundos sirven de coartada para la barbarie. “Las cosas son así”, nos dicen. Y por eso hay que atar a la gente, por falta de recursos, por ejemplo. O ceder ante el enésimo chantaje de la farmacéutica de turno, que suelta los billetes tan solo para ganar más billetes.  Pensamos en Bertolt Brecht: “Ante los hechos cotidianos, por favor, no digan: ‘Es natural’. En una época de confusión organizada, de desorden decretado, de arbitrariedad planificada y de humanidad deshumanizada… Nunca digan: ‘Es natural’, para que todo pueda ser cambiado”. Un  profesional de la salud mental que señala a los recortes con el dedo mientras desvía la mirada a otro lado es un sinvergüenza.

– La psiquiatría y la psicología son disciplinas sumamente frágiles. Su contribución a la reducción del sufrimiento es cuando menos cuestionable (cada vez más diagnósticos, cada vez más fármacos: el agujero crece a buen ritmo). Dedican más esfuerzos en justificarse a sí mismas que en buscar y ofrecer herramientas útiles y tangibles con las que abordar el dolor. La desconfianza para con ellas es generalizada. Solo algunos familiares de personas diagnosticadas y un puñado de estudiantes bienintencionados mantienen la fe de manera inquebrantable.

Desde esa debilidad, buena parte de los profesionales ven cualquier cuestionamiento de su práctica como un ataque frontal y se revuelven con uñas y dientes (sea con beligerancia o desde el victimismo). Es entonces cuando la asimetría entre diagnosticador y diagnosticado crece todavía un poco más y las relaciones de poder que configuran el campo de la salud mental quedan expuestas a la mirada de todo el mundo. La desnudez de un agravio que no se encuentra precisamente en el lado de los profesionales…

Esto es lo que sucede cuando en un espacio público es refutado un eminente psiquiatra. O cuando llegan voces de fuera de esta España de pandereta que plantean estudios o esgrimen hipótesis que vulneran su hegemonía. Pelos erizados y rechinar de dientes. ¿Quién osa cuestionar el estatus alcanzado? Sin duda una pequeña horda de locos desatados, subversivos e inconscientes. Se desprecia su trabajo, su conocimiento y su experiencia vital porque son advenedizos cuando no abiertamente peligrosos.

– Como psiquiatrizados en lucha que somos quienes escribimos, valoramos infinitamente más un saber real que una quimera académica. Y no es una cuestión de gustos, es una cuestión de supervivencia. Pura evidencia.

En última instancia, lo que es realmente difícil de hacer comprender (y en esto tenemos una gran responsabilidad quienes no somos capaces de ello) es que el sufrimiento psíquico se enmarca en las relaciones humanas. Nace  y bebe de ellas. Las agota y las incendia. Las conforma y reproduce. Y ahí es difícil cuando no imposible hacer ciencia.

Leer a Hannah Arendt puede ayudar a quien le tiemble el suelo bajo los pies. Le dio vueltas al asunto. Le preocupaba que la arrogancia científica y su pretensión de totalidad justificara el pasar por encima de las relaciones que establecen las personas entre sí. Tenía ojo. Hay límites para cada tipo de conocimiento. El desafío reside en aceptar su existencia, en que los profesionales de la salud mental sean capaces de no solo de enunciar su voluntad de querer conocerlos, sino de cuestionar el propio lugar que ocupan en el mundo.

– Robert Lynd escribió:  “Una de las mayores alegrías del hombre es sumergirse en la ignorancia en búsqueda del conocimiento. El gran placer de la ignorancia es, después de todo, es el placer de hacer preguntas. El hombre que ha perdido este placer o lo ha cambiado por el dogma que es el placer de responder, ya ha empezado a anquilosarse”. Y nosotros os decimos que esas líneas dibujan los contornos de un mapa que todavía está por confeccionar.

– Los derechos humanos son innegociables. De lo contrario, no serían “derechos humanos”. Su vulneración es una declaración de guerra. La actual correlación de fuerzas permite los desmanes, pero los procesos históricos que los conquistan son lentos hasta que dejan de serlo. Y entonces solo queda el balbuceo atónito de quienes no pueden creer que aquello fuera “natural”. A su vez, las palabras de quienes defienden sin despeinarse que a día de hoy es imposible no poner correas a la gente ni acompañarla sin agresivos tratamientos farmacológicos, dándolo por bueno y llegando a justificar lo injustificable, servirán de aviso a futuros navegantes de lo cerca que puede estar el abismo.

Psiquiatrizadxs en Lucha

25 de septiembre del año 32 de la Era Orwell.

Fuente: Primera Vocal

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